Según la leyenda, en 880, un grupo de pastores vio salir de una cueva una luz cegadora y tocar música celestial a su alrededor. Cuando se acercaron a la cueva, encontraron una estatua de la Virgen María. A finales del siglo IX se estableció allí una pequeña capilla, conocida como Santa Cova, situada a poca distancia del actual Monasterio de Montserrat. Pronto se corrió la voz de los poderes curativos y las bendiciones de la Virgen y empezaron a llegar peregrinos.






