Cuando Gaudí tomó el relevo en 1883, conservó algunos cimientos góticos, pero reimaginó drásticamente la estructura a través de la lente del Modernismo (Art Nouveau catalán). Se trataba de un movimiento regional que combinaba la artesanía tradicional con una audaz experimentación. En la Sagrada Familia, esto se manifiesta en las formas orgánicas, las líneas fluidas y la ornamentación simbólica inspirada en la naturaleza, la geometría y el misticismo cristiano. Por ejemplo, las columnas de la nave se ramifican como árboles, sosteniendo el techo en un diseño que se parece más al dosel de un bosque que a la tradicional bóveda de piedra.