Al entrar en la nave central, te verás rodeado por un bosque de altísimas columnas de piedra que se elevan hasta el techo abovedado, cada una de ellas una obra maestra de ingeniería y simbolismo. Gaudí diseñó estas columnas para que parecieran troncos y ramas de árboles, creando la ilusión de que el techo superior es un frondoso dosel.
El diseño ramificado no es sólo bonito, es una genialidad estructural. Estas columnas se abren en forma de bóvedas hiperboloides, reduciendo la necesidad de contrafuertes y dejando entrar la luz desde arriba. La visión de Gaudí era clara: quería que los fieles sintieran que paseaban por la creación de Dios, no sólo que la admiraban desde la distancia.





















